Cuando llega la oscuridad de la noche
y nuestro corazón se angustia
con el miedo de no ver…
nuestra mente puede mirarle,
abrazarle y decirle:
«descansa tranquilo,
te aseguro que mañana vuelve el sol».
Y en el abrazo de nuestro sentir y nuestro pensar,
compañeros en la misma dirección,
se regocija la chispa de nuestra vida.
Y mi maestro me enseñó: «piensa con el corazón, siente con la cabeza».