En la pérdida,
en los oscuros cauces
que siguen a la derrota,
puedes engañarte con mensajes positivos,
puedes creerte las palabras de ánimo,
puedes intentar huir
con anestesias, vicios y compensaciones…
Pero en realidad, lo único que toca
es vivir el duelo.
Dejar que tus células sientan y acepten,
lloren y tiemblen,
duelan como si un cuchillo las cortara por dentro,
griten…
Y en la profundidad de la aceptación
de lo que ya no es,
de lo que no puede ser,
de lo que no está ni estará…
La sanación vendrá, y vendrá sola.
Pero no será hoy.
Hoy, duele.
Vaya si duele.