Hace medio siglo, en EEUU decidieron sostener la economía en el modelo de consumo.
(Interesante ver La historia de las cosas – si es muy largo para verlo ahora, observa de 10:15 a 12:45)
Seamos objetivos: desde entonces nos hemos ido subiendo todos a un mismo carro: todo y sólo es cuestión de pasta.
El valor-dinero está tan por encima del resto de valores en nuestra sociedad, que hasta sumidos en esta profunda crisis de existencia, lo único que hacemos es poner parches (fugaces) al dinero.
La industrialización de todos los procesos, incluyendo los esenciales como la alimentación, la salud, o la vivienda, ha venido liderada por la principal obsesión de generar dinero. La energía del dinero se ha puesto por encima de todas las demás: la igualdad, la justicia, la solidaridad, la paz, la alegría… Todas estas palabras siguen en nuestro vocabulario, pero no dirigen nuestra vida. La dirección de nuestras vidas la pone el dinero, y en segundo término el placer. No el placer entendido desde un sentido natural (disfrutar sanamente sin que eso moleste a los demás), sino el placer hedonista, el placer de huida, el placer que nos tapa los ojos, que nos evita ver lo que realmente está ocurriendo.
Así, vivimos anestesiados. Los Sindicatos no se quejan, la Universidad no lidera el cambio ni la crítica, la Política sólo gestiona la economía y se olvida de todo lo demás. Ya ni siquiera hay lucha de clases: los oprimidos y la (sig) clase media no miramos a los ricos como algo injusto a eliminar, sino como algo a imitar.
Este sistema ni es sostenible, ni es humano. En este sistema somos ovejas en un rebaño, esos humanos descerebrados que nuestra ciencia ficción ha dibujado tan profusamente. Nos hemos convertido en una sociedad manipulada desde dentro. Hemos interiorizado que la felicidad está en el consumo y nos hemos hipotecado hasta el cuello para consumir, y eso no nos deja tiempo para observar que ¡nuestro sistema es erróneo y tenemos que cambiarlo! Lo que es más importante, no nos damos cuenta de que así no somos felices.
Hasta la necesaria «liberación de la mujer», tanto tiempo considerada inferior al hombre en aspectos esenciales, ha sido mal entendida (o quién sabe si perfectamente diseñada por el sistema): la mujer no se ha incorporado al sistema laboral para compartir con el hombre, para conciliar (sig) la familia y el trabajo. Donde antes una familia de 6 o 7 personas vivía con un sueldo, ahora hacen falta dos sueldos para una familia de 3 o 4. La propiedad de la vivienda, el consumo feroz, nos ha metido a todos en la misma e insana rueda. Vivimos para producir, para generar recursos para consumir. Ya no somos el homo-sapiens, sino el homo-consumens.
¿Y qué porvenir nos espera? Yo espero que esta fantasía capitalista va a caer por su propio peso. Los parches que se han puesto tras esta crisis no van a ser suficientes para aguantar mucho más la altísima tasa de paro, la sensación compartida de que algo estamos haciendo mal, la realidad de que el planeta no da para más. Nuestro modelo no es sostenible, con lo cual tiene que acabarse rompiendo.
Y no me importa tanto el cómo se rompa… ¿por qué no nos preparamos para afrontar la reconstrucción del ser humano que hará falta tras la fantasía del capitalismo? Redescubramos los valores humanos que realmente nos hacen felices y nos hacen auténticos. Reconectemos con nuestro ser interior, el auténtico, no ese aprendizaje que nuestra cultura nos ha dado. Somos mucho más que seres nacidos para consumir.
Nuestro reto ahora es atrevernos a quitarnos la máscara, a soltar el cable de la anestesia. Debemos despertar.
Invitémosnos, amorosamente, a despertar.
Y habría tanto más para añadir que da vértigo pero el resumen es perfecto. A este estado de anestesia le añades el hecho de estar en una sociedad emocionalmente enferma y la combinación salta a la vista.
La velocidad a la que vivimos y que nos dejamos arrastrar nos impide VER y OBSERVAR nuestro entorno con objetividad y así nos va…
Sin embargo, que creo que no somos pocos los que nos hemos parado un momento a meditarlo y aunque nos hayan hecho creer lo contrario, creo que tenemos mucha fuerza y poder en impulsar un cambio y despertar y hacer que los demás despierten.
Olé!!! Yo también soy positivo. Creo que en el fondo todo esto es una bendición: la oportunidad que nos va a ayudar a despertar. Despertemos juntos…
Un besazo Marilou!
A colación con el vídeo «La historia de las cosas», acabo de ver este documental, muy interesante que me parte el alma:
http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/
Es sobre la obsolescencia programada, como todo esta diseñado para que dure lo justo, qué triste, qué poca consciencia ecológica. ¿Cuántas veces escucho «por el precio que tiene cuando se me rompa me compro otro»?
Pero, como decís, seamos positivos, quizá poco a poco haya un cambio y el péndulo vaya, al lado contrario que al actual, hacia el lado de la sostenibilidad.
Y para terminar, una dedicatoria al sistema bancario con este flas mob en Sevilla:
http://www.youtube.com/watch?v=Wv5dh8v7mDs
Besoooos!
Vi y grabé ayer el documental, conviene no perdérselo. Gracias por el enlace Gala! Genial también la denuncia a los bancos. Es un buen momento para ser creativos… Bss
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