Con quien caminemos

[En algún momento indefinido y difícil de mis 30…]

El camino del sendero
va perdiendo su dibujo:
según avanzas por medio
se van borrando los surcos
que algún mal día dejara
un coche llevando a un muerto
por el barro de la lluvia
mezclado con el estiércol.

Con el calor del estío
se van secando las llagas
que dañaron esta piel,
otro tiempo dura y firme.
Ahora pedrosa y ajada,
roja, marrón y gris parda,
se le secan sus pisadas
mostrándole al caminante
cien historias, mas contando
detalles casi de nada.

Según pisan tus sandalias
decenas de piedras saltan,
dejando al sol otras nuevas,
arena salta a tu falda.
Ahora tus ojos dan cuenta
lo que murió entre montañas:
las lágrimas que resbalan
y caen desde tus pestañas,
golpes secos en los cantos
y al segundo evaporadas.

Me miras para intuirme
tras las ventanas nubladas
y das cuenta que mis ojos
también tienen miel amarga.
¿Por qué lloras, fiel amigo?
¿Por qué lloro, bien amada?
Lloro porque estoy contigo
y sufro al verte atrapada;
siento abrirse en el camino
dos veredas, sucias, largas.

¿Por cuál irás tú, me digo?
¿Por cuál me llevará el viento?
Despidamos el camino
que ya se llevó a este muerto:
ahora tú vas al oeste
y yo al norte, así me temo,
y si es como yo imagino
y me confirma tu cuerpo
nos separamos en el viaje
para ser aún más viajeros.

Si esta triste despedida
amainada con tu beso
no es falsedad,
que no creo,
cada suelo que pisamos
y el camino que tracemos
nos llevará a la riqueza
de andar para nuestro adentro
y querremos compartirlo
cuando se junten de nuevo.

Y ahora que sigo la senda
de lluvia fina entre setos
y te imagino entre hayas
esquivando troncos viejos,
me alegro al caer en la cuenta
que nunca el camino es nuevo,
sólo es nuevo quien sus pasos
decide brindarle al suelo,
sólo es nuevo el caminante,
sólo son nuevos sus sueños…

Mas los siglos que labraron
este camino perpetuo
aseguran que no hay piedra
que no haya visto este juego.
Vayas tú por donde vayas,
vaya yo por donde espero,
si queremos encontrarnos
allí nos encontraremos,
nunca al final del camino,
siempre en el cruce de sendas
que nunca va a ningún sitio,
pues lo que afirma el camino
es con quién lo caminemos.

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