Te conozco en una web, hasta con foto.
Me encanta lo que escribes y cómo te defines. Te escribo y me escribes. Me mandas un flechazo… qué encantadora es esta ilusión de las mariposillas en el estómago.
Un día vuelvo a verte… y ya no estás. Tu perfil no existe, tu identidad se ha borrado. Te busco, y ni rastro. Los emails que te escribí ya no están en mi buzón. Sigue leyendo